A la mierda el mundo. A la mierda las sonrisas porque sí. A la puta mierda. Te sobran ganas de salir con lo puesto y perderte en la lluvia desde el piso más alto. Sería estupendo poder gritarlo. "A la mierda". Cronch. El punto final más sonoro de la historia. No de todas. De la tuya. Con tanto punto y seguido de los cojones. A la mierda. El placer morboso de imaginarse el final es precisamente el descanso. No hay un después. Y, con todo, se te dibuja una sonrisa triste. Te preguntas si a estas alturas de la película las conoces de otro tipo. Sí. Estaban. Eran. Existían. La de ahora es una mutación aberrante. Una tarjeta de visita. Un sms del pasado. "Oye, qué te pasa, tía. Que ya no me llamas." Rumias toda esa basura mientras las gotas siguen cayendo. Sin pensar. Plop. Plop. Plop. Viajas en una de ellas desde la silla. La cosa es bastante breve. La ventana insiste en reflejar la sonrisa fea. "¿Ya no contestas a mis mensajes?". Pulsas responder. Una a. Espacio. Una ele. Otra a. Espacio. Eme. El pulgar se mueve involuntariamente hacia otra tecla que borra el texto de un plumazo. Y escribes otro. Más conciso. Menos sucio. Más valiente. "Sí."
miércoles, 30 de diciembre de 2009
martes, 15 de diciembre de 2009
Infantería
Suspiran aliviados cuatro vivos por estar vivos. Y el resto es ruidoso gentío clamando por sueños que creen legítimos. Los cuatro sienten el pellizco de la culpa por disfrutar solos de lo que se les negó a cuantos se fueron. Y el gentío aúlla de pena su pérdida. Luchan todos en el mismo bando. Salpica la sangre de los que caen y la verguenza de los que se rinden. Las hordas plañideras con la fiereza de quien defiende lo que es suyo. Sin serlo. Los dientes de la fe son más afilados que el realismo. Y los cuatro llevan tatuada en el rostro la mueca de quien se sabe perdedor antes de la contienda. Primera línea de infantería por decisión consciente.
Multitudes de cabeza alta. Al otro lado, la evidencia de que la muerte no ha claudicado jamás.
Los cuatro caen en la cuenta. Vivir es la última batalla.
Naciste con el bando asignado. Ahora dime. ¿En qué escuadrón vas a luchar?
Multitudes de cabeza alta. Al otro lado, la evidencia de que la muerte no ha claudicado jamás.
Los cuatro caen en la cuenta. Vivir es la última batalla.
Naciste con el bando asignado. Ahora dime. ¿En qué escuadrón vas a luchar?
Cuidados básicos
Diría "mi reino" si tuviera uno. Pero no tengo más que ofrecerte que lo que soy. Un puñado de enfermos versos sin rima. Aliento cálido de palabras. Púrpuras ojeras bajo los ojos que también te regalo para ver el mundo. Es nada. Lo sé. Apenas cincuenta kilos de arte herido y púber. Que se revuelve dentro. Todo lo rompe. Y construye palacios de papel y tinta que no cobijan más que aire. Tómalo. Lo he entrenado para que a ti no te muerda. Basta con las cicatrices de mis brazos. No lo ates. Será tuyo sin cadenas. Morirá si haces uso del bozal. Decidirá egoístamente sus paseos. Y volverá a ti sangrando, seguro. Hambriento de tacto y de tu voz. Por ser la única que lo calma.
sábado, 5 de diciembre de 2009
viernes, 4 de diciembre de 2009
Tree
Quiero ser un árbol. He visto árboles en pie en medio de bosques calcinados. Desafiando cenizas. Viento. Crecidos ante los ojos atónitos de Destino. Quiero ser un árbol. Morir en pie. Y que la memoria de lo que fui sea sólo la sombra que arrojen mis ramas negras.
jueves, 3 de diciembre de 2009
The Hand
He soñado que participaba en un concurso de haikú. Me sentaba en un pupitre pequeño de madera oscura. Y cogía una pluma gris mojada en tinta. Negra, pensaba. Negra como un atardecer con los ojos vendados. Triste. Y fría. Pensaba todo eso mientras el resto garabateaba furiosamente sobre sus papeles. Sentía que no podía escribir. Lo sabía. La mano derecha yacía en el lienzo blanco. Y le ordenaba moverse. Sin éxito. Algunos se levantaban a entregar sus obras. Sonreían. Y yo apostaba a que valía la pena leer cuanto manase de aquellos que sí tenían control sobre sus propias extremidades. De pronto la clase cambiaba. Se volvía mucho más oscura. Las lámparas que pendían del techo tenían velas. Luz naranja. Y pensaba en mi atardecer. ¿Quién se había llevado la venda? No quedaba nadie allí. Súbitamente mi mano derecha estaba helada. Demasiado fría. Dolor.
He despertado con las sábanas revueltas. El peso de mi cuerpo sobre el brazo. Derecho. Me he llevado la mano helada a la cara y he maldecido al amanecer por no traer paz alguna. Es mucho más aterrador abrir los ojos.
Me da miedo que la vida sea un concurso de haikú.
He despertado con las sábanas revueltas. El peso de mi cuerpo sobre el brazo. Derecho. Me he llevado la mano helada a la cara y he maldecido al amanecer por no traer paz alguna. Es mucho más aterrador abrir los ojos.
Me da miedo que la vida sea un concurso de haikú.
martes, 25 de agosto de 2009
Ejecución
Acojona ver cómo se va dibujando una vida. Cómo, en ocasiones, Destino parece abandonar los pinceles. "Ahora pintas tú". Y te miras las manos pensando cómo cojones vas a crear nada si apenas tienes idea de cómo sujetar las herramientas. En tu mente, toma forma un hermoso óleo. Un paisaje de intensos claroscuros cuya belleza casi duele contemplar. Sonríes mientras coges un carboncillo del suelo y te dispones a plasmar tu delirio. Después de un rato que se antojaba interminable das un par de pasos hacia atrás y contemplas. Esa basura en blanco y negro se parece poco o nada al paisaje imaginado. Los huesos de Goya se revuelven bajo tierra ante tan burda imitación de su etapa oscura. Y te sangran las manos. El carboncillo ni se coge así ni se mueve de esa manera. Destino se revuelca por los suelos entre carcajadas. Señalándote. Y la parte de ti que se siente profundamente humillada se va haciendo más pequeña mientras te unes a sus risas. Pintas de pena. Pero te van a faltar lienzos para seguir intentándolo.
lunes, 24 de agosto de 2009
Transformaciones
Dame algo simple. Puro. Sencillo. Que yo lo convertiré en la más retorcida y sucia de las espirales.
domingo, 9 de agosto de 2009
You
Podría decirte que me enloquece tu aroma. Despierta a mi sangre. Y se agolpa. Se retuerce. Grita. Podría decirte que se diluye el miedo al mirarte. Un sobre de azúcar en el lago oscuro de tus pupilas. Que tengo hambre de ti y de tus labios. Que me lloran las manos cuando no te tocan. Podría decirte que te siento ahora. Antes. Luego. Basta con dejar caer los párpados y pensar sin pensar. Se enciende en mí tu luz como una hoguera inmensa. Me abraso y bailo dentro. Que lo mismo se me cae la piel a tiras, pero no importa. No me importa. Podría besarte. El sol caería a plomo en ese mismo momento. Y vendrían todas las estrellas del mundo a mirarnos. A envidiar mi suerte. A bailar en el cielo oscuro como bailo yo porque existes. Podría. Puedo hacerlo.
martes, 16 de junio de 2009
Causas
Ocurre que, a veces, aparece la tristeza. Silenciosa como un gato. Y una congoja cabrona y despiadada atenaza el corazón. Los idiotas buscamos causas a todo. Con la creencia de poder así erradicar una sensación. Un sentimiento. Y lo más divertido del asunto es que hallarlas supone establecer el estado. Darle notoriedad. Presencia. Hacerlo real.
jueves, 11 de junio de 2009
Ruidos
He salido al pasillo. Y me ha parecido oír ruidos en la 613. Quizá ésto no esté tan vacío como pensaba.
viernes, 22 de mayo de 2009
Idiotas
Nos entregamos a la existencia pacífica de quien observa. Ser juez. Sin ser parte. Para tener un cabeza de turco que rebaje esa presión de la nuca. Arrojamos piedras. Gritamos "tú tienes la culpa". Y vuelven a nuestra cara a partirnos los morros. En el fondo es muy simple. Somos idiotas. Niños resolviendo ecuaciones imposibles. Las respuestas que buscamos no existen. O no son las que queremos oír.
Soltando riendas
Supón que miras al amanecer a la cara. Y lo único que te ofrece son variaciones de colores que ya conoces. Pregúntale. Pierde el tiempo. Tampoco ahí están los porqués que buscas. Frenas en seco. Triste. Escuchas con atención y concluyes que tus latidos son un metrónomo tan bueno como otro cualquiera. El problema está en que no necesitas medir el tiempo. Quieres controlarlo. A estas alturas ya sabes que fumar compulsivamente no lo hace más lento. Y al soltar las riendas descubres que Tiempo ha roto las bridas. Desbocado.
martes, 19 de mayo de 2009
Café
Dicen que mi café es demasiado amargo. Duro. Cargado. Me pregunto si hay un orden superior al que le guste jugar con las metáforas. Y la bebida que preparo es la materialización de lo que ronda mi mente. Indiscutiblemente difícil de ingerir.
Brillos
Ahí fuera brilla una luz difusa. ¿Puedes verla? Es la misma claridad sucia a la que me aferro. Esperanza. O miedo a la oscuridad. A saber. La cuestión es que un día despiertas. No del sueño de la noche anterior. Despertar. Abrir los ojos. Sin metáfora. Y te encuentras con que estás hasta los huevos de las madrugadas en vela. De sus preciosas espirales. De sus utopías tejidas sin luz. De sus mentiras. Cuando rompiste con las verdades absolutas nadie te avisó de la ambigüedad de la vida. Que mañana puedes enamorarte otra vez de la noche. O pasarte el resto de tu vida peleada con ella.
Nadie escucha
Tiembla para sacudirte todo pensamiento. Araña las pizarras donde escribiste. Que ya no te vale con borradores. Ensucian. Lo ponen todo perdido de polvo blanco que nadie quiere para su nariz. El cielo está frío aunque a ti te ardan las manos. Y los silencios hacen una extraña música inaudible. Imperceptible. Te vas a dejar las orejas intentando escucharla. Te vas a romper las manos. Los codos. Las rodillas. Te vas a pegar una hostia tal que se tambalearán los muros de lo que creías tu mundo. Caerán, seguro, aplastándote. Para descubrirte que ni uno solo de tus coladores tiene agujeros. Que todos tus cuadernos son mentira. Y la tinta un hilo vacío y absurdo que lame la sed de la lluvia. Escupe toda la sangre que te cabe en la boca para que puedan salir los gritos que se te han quedado varados en los corales del alma. Grita. Desgárrate y decubre la verdad. Muchos oyen. Nadie escucha.
jueves, 14 de mayo de 2009
Steers
Aprendes con desgana que no todas las cicatrices cuentan una historia. Algunas son porque sí. Y sin más trascendencia que el recuerdo del dolor que causó su herida o las leves pulsaciones que dicen "Estoy aquí. Existo." cuando va a cambiar el tiempo. El paso de los días en esta habitación te permite observar a los transeúntes. Y concluyes que el mundo está loco cuando ves a todos esos depredadores, arrojando mordiscos para llegar a una cima que les prometieron, aunque nadie sabe si es real. Se saludan, cordiales, porque ciertas convenciones sociales aseguran que decir la verdad (ser, de verdad) puede herir sensibilidades o conciencias, mientras planean el próximo ataque o miden su suela con la siguiente cabeza que quieren pisar.
Se nubla el cielo y una de esas cicatrices de por qué ausente late en tu pecho. Y piensas quieroserdeverdad mientras una parte de ti se muere por bajar y sacudir la mano de cualquiera preguntando cómo está. Estás en un cuarto de ventanas desnudas con vistas al callejón de la melancolía. Sabiendo que caerán cuantas cortinas te empeñes en poner. Que no bastan las persianas. Sin poder superar el vértigo de mirar hacia abajo. Estás en una habitación de ventanas desnudas donde muchos pueden verte tras los cristales. Dudando. Eternamente en pie de guerra con la incompatibilidad del quiero y el deseo. Sintiendo el latido de esa puta cicatriz.
Quizá... sólo sea tu corazón.
Se nubla el cielo y una de esas cicatrices de por qué ausente late en tu pecho. Y piensas quieroserdeverdad mientras una parte de ti se muere por bajar y sacudir la mano de cualquiera preguntando cómo está. Estás en un cuarto de ventanas desnudas con vistas al callejón de la melancolía. Sabiendo que caerán cuantas cortinas te empeñes en poner. Que no bastan las persianas. Sin poder superar el vértigo de mirar hacia abajo. Estás en una habitación de ventanas desnudas donde muchos pueden verte tras los cristales. Dudando. Eternamente en pie de guerra con la incompatibilidad del quiero y el deseo. Sintiendo el latido de esa puta cicatriz.
Quizá... sólo sea tu corazón.
martes, 5 de mayo de 2009
in2
- En algún momento va a reventar la presa. Te lo digo porque empieza a oler a agua. A piedras quebradas. Todas esas que pusiste con la intención de evitar la catástrofe. Se va a ir todo a la mierda y te vas a ahogar. En lo que tenías que haber hecho. Bofetadas de planificación ausente y constancia huída convertidas en toneladas de agua golpeándote todos los huesos. Crack. Un ruido sordo te bastará para saber que ya no estás donde están todos. Y volverás a llorarme en el hombro. A sumirte en porqués y aydiosmíos. Como suelen decir, con el rabo entre las piernas. Sólo que tú en vez de eso arrastras una hermosa cadena de errores.
- ¿Errores? ¿Vistos por quién? Por dios, dime que no te has permitido el lujo de juzgarme. Precisamente tú. Ahí sentada en el trono de lo correcto y lo propio. Robándole a una puta estatua una balanza y una venda que jamás han sido tuyas. Tu claridad es como la de quien esnifa cocaína. Pasajera. Irreal. Una mentira tan grande que no puedes considerar errada a estas alturas de la película. Vivir es esto. Joderla, en pocas palabras. Un poco. Mucho. Infinitamente. Acertar un par de veces. Disfrutarlo. La cuestión es que no hay nada irremediable. Y tus verdades absolutas empiezan a darme ardor de estómago.
- ¿Crees que podríamos llegar a un acuerdo? No es que vayamos a llevarnos bien, pero podría haber un equilibrio. ¿Crees que es posible?
- Ahora mismo ni siquiera estoy segura de querer seguir escuchándote.
- ¿Errores? ¿Vistos por quién? Por dios, dime que no te has permitido el lujo de juzgarme. Precisamente tú. Ahí sentada en el trono de lo correcto y lo propio. Robándole a una puta estatua una balanza y una venda que jamás han sido tuyas. Tu claridad es como la de quien esnifa cocaína. Pasajera. Irreal. Una mentira tan grande que no puedes considerar errada a estas alturas de la película. Vivir es esto. Joderla, en pocas palabras. Un poco. Mucho. Infinitamente. Acertar un par de veces. Disfrutarlo. La cuestión es que no hay nada irremediable. Y tus verdades absolutas empiezan a darme ardor de estómago.
- ¿Crees que podríamos llegar a un acuerdo? No es que vayamos a llevarnos bien, pero podría haber un equilibrio. ¿Crees que es posible?
- Ahora mismo ni siquiera estoy segura de querer seguir escuchándote.
Balcones
Vuelan mis ojos de un poeta a otro. Un verso. Otro. Bailo enloquecida entre estados de ánimo. Que no son míos. Ni buenos. Buscándome en letras. Sintiendo. Miro a aquella estrella donde naufragan todos los cielos. Donde todo se condensa. Es un sinsentido tan grande que se torna pura lógica. Canales inmensos de incomprensión. Ríos de ausencia. Silencios. Y el frío. A puñetazos con la metafísica y ese mundo tan mío de no pisar el suelo ni siquiera lo necesario. El frío. Trayéndome de vuelta casi entera pero sin ganas. Y ya no quiero versos. Ni estrellas. Quiero perder la consciencia y despertarme en un mundo en el que sí hago las cosas bien.
Línea de Salida
Imagina tu mente como si fuese un mundo físico. Un universo tangible. Hay calles. Raíles. Quizá esté poblado únicamente por vastos bosques de coníferas. O se trate de un gran océano con algunas islas aquí y allá.
Es sencillo. En el caos de mi materia gris me he montado una ciudad. Solo visible en escala de grises. Hay un hotel de baqueteada fachada escupiendo una escalera de incendios que no llega al suelo. Y el único sitio donde puedo escribir es la habitación 612.
Es sencillo. En el caos de mi materia gris me he montado una ciudad. Solo visible en escala de grises. Hay un hotel de baqueteada fachada escupiendo una escalera de incendios que no llega al suelo. Y el único sitio donde puedo escribir es la habitación 612.