Nos entregamos a la existencia pacífica de quien observa. Ser juez. Sin ser parte. Para tener un cabeza de turco que rebaje esa presión de la nuca. Arrojamos piedras. Gritamos "tú tienes la culpa". Y vuelven a nuestra cara a partirnos los morros. En el fondo es muy simple. Somos idiotas. Niños resolviendo ecuaciones imposibles. Las respuestas que buscamos no existen. O no son las que queremos oír.
viernes, 22 de mayo de 2009
Soltando riendas
Supón que miras al amanecer a la cara. Y lo único que te ofrece son variaciones de colores que ya conoces. Pregúntale. Pierde el tiempo. Tampoco ahí están los porqués que buscas. Frenas en seco. Triste. Escuchas con atención y concluyes que tus latidos son un metrónomo tan bueno como otro cualquiera. El problema está en que no necesitas medir el tiempo. Quieres controlarlo. A estas alturas ya sabes que fumar compulsivamente no lo hace más lento. Y al soltar las riendas descubres que Tiempo ha roto las bridas. Desbocado.
martes, 19 de mayo de 2009
Café
Dicen que mi café es demasiado amargo. Duro. Cargado. Me pregunto si hay un orden superior al que le guste jugar con las metáforas. Y la bebida que preparo es la materialización de lo que ronda mi mente. Indiscutiblemente difícil de ingerir.
Brillos
Ahí fuera brilla una luz difusa. ¿Puedes verla? Es la misma claridad sucia a la que me aferro. Esperanza. O miedo a la oscuridad. A saber. La cuestión es que un día despiertas. No del sueño de la noche anterior. Despertar. Abrir los ojos. Sin metáfora. Y te encuentras con que estás hasta los huevos de las madrugadas en vela. De sus preciosas espirales. De sus utopías tejidas sin luz. De sus mentiras. Cuando rompiste con las verdades absolutas nadie te avisó de la ambigüedad de la vida. Que mañana puedes enamorarte otra vez de la noche. O pasarte el resto de tu vida peleada con ella.
Nadie escucha
Tiembla para sacudirte todo pensamiento. Araña las pizarras donde escribiste. Que ya no te vale con borradores. Ensucian. Lo ponen todo perdido de polvo blanco que nadie quiere para su nariz. El cielo está frío aunque a ti te ardan las manos. Y los silencios hacen una extraña música inaudible. Imperceptible. Te vas a dejar las orejas intentando escucharla. Te vas a romper las manos. Los codos. Las rodillas. Te vas a pegar una hostia tal que se tambalearán los muros de lo que creías tu mundo. Caerán, seguro, aplastándote. Para descubrirte que ni uno solo de tus coladores tiene agujeros. Que todos tus cuadernos son mentira. Y la tinta un hilo vacío y absurdo que lame la sed de la lluvia. Escupe toda la sangre que te cabe en la boca para que puedan salir los gritos que se te han quedado varados en los corales del alma. Grita. Desgárrate y decubre la verdad. Muchos oyen. Nadie escucha.
jueves, 14 de mayo de 2009
Steers
Aprendes con desgana que no todas las cicatrices cuentan una historia. Algunas son porque sí. Y sin más trascendencia que el recuerdo del dolor que causó su herida o las leves pulsaciones que dicen "Estoy aquí. Existo." cuando va a cambiar el tiempo. El paso de los días en esta habitación te permite observar a los transeúntes. Y concluyes que el mundo está loco cuando ves a todos esos depredadores, arrojando mordiscos para llegar a una cima que les prometieron, aunque nadie sabe si es real. Se saludan, cordiales, porque ciertas convenciones sociales aseguran que decir la verdad (ser, de verdad) puede herir sensibilidades o conciencias, mientras planean el próximo ataque o miden su suela con la siguiente cabeza que quieren pisar.
Se nubla el cielo y una de esas cicatrices de por qué ausente late en tu pecho. Y piensas quieroserdeverdad mientras una parte de ti se muere por bajar y sacudir la mano de cualquiera preguntando cómo está. Estás en un cuarto de ventanas desnudas con vistas al callejón de la melancolía. Sabiendo que caerán cuantas cortinas te empeñes en poner. Que no bastan las persianas. Sin poder superar el vértigo de mirar hacia abajo. Estás en una habitación de ventanas desnudas donde muchos pueden verte tras los cristales. Dudando. Eternamente en pie de guerra con la incompatibilidad del quiero y el deseo. Sintiendo el latido de esa puta cicatriz.
Quizá... sólo sea tu corazón.
Se nubla el cielo y una de esas cicatrices de por qué ausente late en tu pecho. Y piensas quieroserdeverdad mientras una parte de ti se muere por bajar y sacudir la mano de cualquiera preguntando cómo está. Estás en un cuarto de ventanas desnudas con vistas al callejón de la melancolía. Sabiendo que caerán cuantas cortinas te empeñes en poner. Que no bastan las persianas. Sin poder superar el vértigo de mirar hacia abajo. Estás en una habitación de ventanas desnudas donde muchos pueden verte tras los cristales. Dudando. Eternamente en pie de guerra con la incompatibilidad del quiero y el deseo. Sintiendo el latido de esa puta cicatriz.
Quizá... sólo sea tu corazón.
martes, 5 de mayo de 2009
in2
- En algún momento va a reventar la presa. Te lo digo porque empieza a oler a agua. A piedras quebradas. Todas esas que pusiste con la intención de evitar la catástrofe. Se va a ir todo a la mierda y te vas a ahogar. En lo que tenías que haber hecho. Bofetadas de planificación ausente y constancia huída convertidas en toneladas de agua golpeándote todos los huesos. Crack. Un ruido sordo te bastará para saber que ya no estás donde están todos. Y volverás a llorarme en el hombro. A sumirte en porqués y aydiosmíos. Como suelen decir, con el rabo entre las piernas. Sólo que tú en vez de eso arrastras una hermosa cadena de errores.
- ¿Errores? ¿Vistos por quién? Por dios, dime que no te has permitido el lujo de juzgarme. Precisamente tú. Ahí sentada en el trono de lo correcto y lo propio. Robándole a una puta estatua una balanza y una venda que jamás han sido tuyas. Tu claridad es como la de quien esnifa cocaína. Pasajera. Irreal. Una mentira tan grande que no puedes considerar errada a estas alturas de la película. Vivir es esto. Joderla, en pocas palabras. Un poco. Mucho. Infinitamente. Acertar un par de veces. Disfrutarlo. La cuestión es que no hay nada irremediable. Y tus verdades absolutas empiezan a darme ardor de estómago.
- ¿Crees que podríamos llegar a un acuerdo? No es que vayamos a llevarnos bien, pero podría haber un equilibrio. ¿Crees que es posible?
- Ahora mismo ni siquiera estoy segura de querer seguir escuchándote.
- ¿Errores? ¿Vistos por quién? Por dios, dime que no te has permitido el lujo de juzgarme. Precisamente tú. Ahí sentada en el trono de lo correcto y lo propio. Robándole a una puta estatua una balanza y una venda que jamás han sido tuyas. Tu claridad es como la de quien esnifa cocaína. Pasajera. Irreal. Una mentira tan grande que no puedes considerar errada a estas alturas de la película. Vivir es esto. Joderla, en pocas palabras. Un poco. Mucho. Infinitamente. Acertar un par de veces. Disfrutarlo. La cuestión es que no hay nada irremediable. Y tus verdades absolutas empiezan a darme ardor de estómago.
- ¿Crees que podríamos llegar a un acuerdo? No es que vayamos a llevarnos bien, pero podría haber un equilibrio. ¿Crees que es posible?
- Ahora mismo ni siquiera estoy segura de querer seguir escuchándote.
Balcones
Vuelan mis ojos de un poeta a otro. Un verso. Otro. Bailo enloquecida entre estados de ánimo. Que no son míos. Ni buenos. Buscándome en letras. Sintiendo. Miro a aquella estrella donde naufragan todos los cielos. Donde todo se condensa. Es un sinsentido tan grande que se torna pura lógica. Canales inmensos de incomprensión. Ríos de ausencia. Silencios. Y el frío. A puñetazos con la metafísica y ese mundo tan mío de no pisar el suelo ni siquiera lo necesario. El frío. Trayéndome de vuelta casi entera pero sin ganas. Y ya no quiero versos. Ni estrellas. Quiero perder la consciencia y despertarme en un mundo en el que sí hago las cosas bien.
Línea de Salida
Imagina tu mente como si fuese un mundo físico. Un universo tangible. Hay calles. Raíles. Quizá esté poblado únicamente por vastos bosques de coníferas. O se trate de un gran océano con algunas islas aquí y allá.
Es sencillo. En el caos de mi materia gris me he montado una ciudad. Solo visible en escala de grises. Hay un hotel de baqueteada fachada escupiendo una escalera de incendios que no llega al suelo. Y el único sitio donde puedo escribir es la habitación 612.
Es sencillo. En el caos de mi materia gris me he montado una ciudad. Solo visible en escala de grises. Hay un hotel de baqueteada fachada escupiendo una escalera de incendios que no llega al suelo. Y el único sitio donde puedo escribir es la habitación 612.