Causas
Ocurre que, a veces, aparece la tristeza. Silenciosa como un gato. Y una congoja cabrona y despiadada atenaza el corazón. Los idiotas buscamos causas a todo. Con la creencia de poder así erradicar una sensación. Un sentimiento. Y lo más divertido del asunto es que hallarlas supone establecer el estado. Darle notoriedad. Presencia. Hacerlo real.
Es yo, es yo, es yo, es yo... Idiotas. Somos idiotas. Malditas obsesivas que buscamos palabras para definirlo todo. No es necesaria una palabra, un párrafo basta. Palabras y más palabras. Cuando lo defines te sientes libre. Sin darte cuenta de que te atas. Te atas a esas palabras que no sabes si definen o si, simplemente, inventan un estado de ánimo que, al estar definido, por fin, es real.
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