Blancos
Las oquedades que no llena la imaginación también son conscientes. Pretendidas. Un respiro entre condicionales y futuros posibles. Me balanceo como un elefante torpe en una tela de araña no especialmente robusta. Las canciones infantiles dejan de tener gracia cuando se aplican a la vida real. Cuando descubres que el señor conductor no tiene motivos para reír.
Ese Puto Señor Conductor SIEMPRE tendrá motivos para reir. Por lo menos mientras siga teniendo mi puto revolver apuntándole, a su puta cabeza.
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