Cambié el adjetivo por el verbo. Ignorando, aún, si hay más valentía en observación o acción. Sólo sé qué la última acalla unos latidos que son verdad. Mientras la primera martilleaba en parches de cuero invisibles. Me detengo poco. Lo justo. Y en esos instantes de angosta lucidez decido, invariablemente, seguir nadando. Con la mirada en un horizonte de niebla. La mochila cargada de nuncamases y asíaprendiste. Los brazos cada vez más fuertes. Y un retrovisor pleno de plumas y tinta que miro poco.
Y aún así.
Soy todo aquello a lo que le niego tiempo.
Y aún así.
Soy todo aquello a lo que le niego tiempo.