Hay escaleras que no llevan a ninguna parte. Lo descubriste
después de algún labio partido y varias extremidades rotas. Uno aprende muchas
cosas mientras sueldan los huesos. Que el tiempo es soberano y no entiende de
porqués. Que no hay universo que te necesite. Y que no todas las respuestas
calman el latir de la herida. Algunas escuecen. Reabren. Destrozan. Y te
descubres cambiando los póster de destino por postales de incertidumbre.
Cuando
tus riendas sujetan humo no quedan tantas opciones. Las (in)justas. Las tuyas.
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