Creía que sentir era aquello. Una maraña de punzantes zarzas cuyas espinas abrían heridas lacerantes que no cerrarían jamás. Creía que necesitaba la sangre porque no conocía otra cosa. Que aquel sabor metálico en la lengua era la tinta en mi pluma y el viento en mi espalda. Huracanes de amor distorsionado en los que aprendí a bailar por mera supervivencia. Ahora sé que tan sólo sobrevivía perdiéndome paladear un mundo distinto. Maduro y real. Propio. Compartido porque me da la gana ser contigo. Por encima de cualquier otra necesidad.
miércoles, 7 de marzo de 2012
miércoles, 24 de noviembre de 2010
Blancos
Las oquedades que no llena la imaginación también son conscientes. Pretendidas. Un respiro entre condicionales y futuros posibles. Me balanceo como un elefante torpe en una tela de araña no especialmente robusta. Las canciones infantiles dejan de tener gracia cuando se aplican a la vida real. Cuando descubres que el señor conductor no tiene motivos para reír.
Don McGogh
Van Gogh mezclaba azul y gris en la paleta. Ignorando que ochenta y dos años después alguien haría llorar su guitarra en honor a ésa obra. Ojalá pudiese iniciar el mismo proceso a la inversa. Un pintor con su mismo talento. Con más suerte.
Autoasfixia
Zozobran las pateras en las que viajamos todos. Remamos solos. Ciegos. Y brotan las fuerzas de lugares que nos son desconocidos. Cortamos los hilos que nos unen al mundo. Sesgamos las cuerdas por donde entran a nuestras huras. Aprendiendo que Soledad aprieta sin ahogarnos. Autoasfixia. Quasi erótica. Encontrando el placer de redescubrirnos aunque quede poco de nosotros. Apenas unas migajas. Las que no quisieron las ratas. Y caemos en un mutis que tiene tanto de impuesto como de intencionado. Fifty fifty. Silencio bipolar. Achicando agua. Sin hundirnos.
miércoles, 3 de febrero de 2010
¿Qué es?
Dentro de mí, el abismo que separa lluvias de desiertos. Ausencia aprendida. Aprehendida. Desesperadas bocanadas de aire gélido para descubrir que lo que corta tus pulmones no es el viento. Ni el frío. ¿Qué es? ¿Qué es ese silencio ensordecedor? Preguntas y enmudeces por miedo a romper algo que tampoco es especialmente valioso. Cada minuto, dunas verticales inescalables. Un paso. Otro. Y el silencio a mordiscos con tus oídos. En tus manos. En el suelo, huellas propias. Desiguales. Incoherentes. ¿Qué es? Sentada al abrigo de la arena con las piernas cruzadas. Parar se parece a caminar despacio. Suena igual. Y la respuesta aparece tímidamente tras la penúltima duna. El silencio es la ausencia de sonido. Lo rumias. La sencillez de la solución trastorna. O no satisface. Pero es. Es. Y tú no eres. Estás.
viernes, 8 de enero de 2010
Sick
Oh, dios. Tengo la enfermedad del siglo. Urgencia. Que curiosamente es la única con un dilatado proceso de curación cuyo fin raya el infinito.
Perfecto
El problema de obsesionarse con que algo salga absolutamente perfecto es que empiezas a visualizar todas las vías por las que podría irse al carajo.
miércoles, 30 de diciembre de 2009
SMS
A la mierda el mundo. A la mierda las sonrisas porque sí. A la puta mierda. Te sobran ganas de salir con lo puesto y perderte en la lluvia desde el piso más alto. Sería estupendo poder gritarlo. "A la mierda". Cronch. El punto final más sonoro de la historia. No de todas. De la tuya. Con tanto punto y seguido de los cojones. A la mierda. El placer morboso de imaginarse el final es precisamente el descanso. No hay un después. Y, con todo, se te dibuja una sonrisa triste. Te preguntas si a estas alturas de la película las conoces de otro tipo. Sí. Estaban. Eran. Existían. La de ahora es una mutación aberrante. Una tarjeta de visita. Un sms del pasado. "Oye, qué te pasa, tía. Que ya no me llamas." Rumias toda esa basura mientras las gotas siguen cayendo. Sin pensar. Plop. Plop. Plop. Viajas en una de ellas desde la silla. La cosa es bastante breve. La ventana insiste en reflejar la sonrisa fea. "¿Ya no contestas a mis mensajes?". Pulsas responder. Una a. Espacio. Una ele. Otra a. Espacio. Eme. El pulgar se mueve involuntariamente hacia otra tecla que borra el texto de un plumazo. Y escribes otro. Más conciso. Menos sucio. Más valiente. "Sí."
martes, 15 de diciembre de 2009
Infantería
Suspiran aliviados cuatro vivos por estar vivos. Y el resto es ruidoso gentío clamando por sueños que creen legítimos. Los cuatro sienten el pellizco de la culpa por disfrutar solos de lo que se les negó a cuantos se fueron. Y el gentío aúlla de pena su pérdida. Luchan todos en el mismo bando. Salpica la sangre de los que caen y la verguenza de los que se rinden. Las hordas plañideras con la fiereza de quien defiende lo que es suyo. Sin serlo. Los dientes de la fe son más afilados que el realismo. Y los cuatro llevan tatuada en el rostro la mueca de quien se sabe perdedor antes de la contienda. Primera línea de infantería por decisión consciente.
Multitudes de cabeza alta. Al otro lado, la evidencia de que la muerte no ha claudicado jamás.
Los cuatro caen en la cuenta. Vivir es la última batalla.
Naciste con el bando asignado. Ahora dime. ¿En qué escuadrón vas a luchar?
Multitudes de cabeza alta. Al otro lado, la evidencia de que la muerte no ha claudicado jamás.
Los cuatro caen en la cuenta. Vivir es la última batalla.
Naciste con el bando asignado. Ahora dime. ¿En qué escuadrón vas a luchar?
Cuidados básicos
Diría "mi reino" si tuviera uno. Pero no tengo más que ofrecerte que lo que soy. Un puñado de enfermos versos sin rima. Aliento cálido de palabras. Púrpuras ojeras bajo los ojos que también te regalo para ver el mundo. Es nada. Lo sé. Apenas cincuenta kilos de arte herido y púber. Que se revuelve dentro. Todo lo rompe. Y construye palacios de papel y tinta que no cobijan más que aire. Tómalo. Lo he entrenado para que a ti no te muerda. Basta con las cicatrices de mis brazos. No lo ates. Será tuyo sin cadenas. Morirá si haces uso del bozal. Decidirá egoístamente sus paseos. Y volverá a ti sangrando, seguro. Hambriento de tacto y de tu voz. Por ser la única que lo calma.