Verdad destronada
Creía que sentir era aquello. Una maraña de punzantes zarzas cuyas espinas abrían heridas lacerantes que no cerrarían jamás. Creía que necesitaba la sangre porque no conocía otra cosa. Que aquel sabor metálico en la lengua era la tinta en mi pluma y el viento en mi espalda. Huracanes de amor distorsionado en los que aprendí a bailar por mera supervivencia. Ahora sé que tan sólo sobrevivía perdiéndome paladear un mundo distinto. Maduro y real. Propio. Compartido porque me da la gana ser contigo. Por encima de cualquier otra necesidad.
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