martes, 25 de agosto de 2009

Ejecución

Acojona ver cómo se va dibujando una vida. Cómo, en ocasiones, Destino parece abandonar los pinceles. "Ahora pintas tú". Y te miras las manos pensando cómo cojones vas a crear nada si apenas tienes idea de cómo sujetar las herramientas. En tu mente, toma forma un hermoso óleo. Un paisaje de intensos claroscuros cuya belleza casi duele contemplar. Sonríes mientras coges un carboncillo del suelo y te dispones a plasmar tu delirio. Después de un rato que se antojaba interminable das un par de pasos hacia atrás y contemplas. Esa basura en blanco y negro se parece poco o nada al paisaje imaginado. Los huesos de Goya se revuelven bajo tierra ante tan burda imitación de su etapa oscura. Y te sangran las manos. El carboncillo ni se coge así ni se mueve de esa manera. Destino se revuelca por los suelos entre carcajadas. Señalándote. Y la parte de ti que se siente profundamente humillada se va haciendo más pequeña mientras te unes a sus risas. Pintas de pena. Pero te van a faltar lienzos para seguir intentándolo.
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lunes, 24 de agosto de 2009

domingo, 9 de agosto de 2009

You

Podría decirte que me enloquece tu aroma. Despierta a mi sangre. Y se agolpa. Se retuerce. Grita. Podría decirte que se diluye el miedo al mirarte. Un sobre de azúcar en el lago oscuro de tus pupilas. Que tengo hambre de ti y de tus labios. Que me lloran las manos cuando no te tocan. Podría decirte que te siento ahora. Antes. Luego. Basta con dejar caer los párpados y pensar sin pensar. Se enciende en mí tu luz como una hoguera inmensa. Me abraso y bailo dentro. Que lo mismo se me cae la piel a tiras, pero no importa. No me importa. Podría besarte. El sol caería a plomo en ese mismo momento. Y vendrían todas las estrellas del mundo a mirarnos. A envidiar mi suerte. A bailar en el cielo oscuro como bailo yo porque existes. Podría. Puedo hacerlo.
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martes, 16 de junio de 2009

Causas

Ocurre que, a veces, aparece la tristeza. Silenciosa como un gato. Y una congoja cabrona y despiadada atenaza el corazón. Los idiotas buscamos causas a todo. Con la creencia de poder así erradicar una sensación. Un sentimiento. Y lo más divertido del asunto es que hallarlas supone establecer el estado. Darle notoriedad. Presencia. Hacerlo real.
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jueves, 11 de junio de 2009

viernes, 22 de mayo de 2009

Idiotas

Nos entregamos a la existencia pacífica de quien observa. Ser juez. Sin ser parte. Para tener un cabeza de turco que rebaje esa presión de la nuca. Arrojamos piedras. Gritamos "tú tienes la culpa". Y vuelven a nuestra cara a partirnos los morros. En el fondo es muy simple. Somos idiotas. Niños resolviendo ecuaciones imposibles. Las respuestas que buscamos no existen. O no son las que queremos oír.
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Soltando riendas

Supón que miras al amanecer a la cara. Y lo único que te ofrece son variaciones de colores que ya conoces. Pregúntale. Pierde el tiempo. Tampoco ahí están los porqués que buscas. Frenas en seco. Triste. Escuchas con atención y concluyes que tus latidos son un metrónomo tan bueno como otro cualquiera. El problema está en que no necesitas medir el tiempo. Quieres controlarlo. A estas alturas ya sabes que fumar compulsivamente no lo hace más lento. Y al soltar las riendas descubres que Tiempo ha roto las bridas. Desbocado.
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martes, 19 de mayo de 2009

Café

Dicen que mi café es demasiado amargo. Duro. Cargado. Me pregunto si hay un orden superior al que le guste jugar con las metáforas. Y la bebida que preparo es la materialización de lo que ronda mi mente. Indiscutiblemente difícil de ingerir.
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Brillos

Ahí fuera brilla una luz difusa. ¿Puedes verla? Es la misma claridad sucia a la que me aferro. Esperanza. O miedo a la oscuridad. A saber. La cuestión es que un día despiertas. No del sueño de la noche anterior. Despertar. Abrir los ojos. Sin metáfora. Y te encuentras con que estás hasta los huevos de las madrugadas en vela. De sus preciosas espirales. De sus utopías tejidas sin luz. De sus mentiras. Cuando rompiste con las verdades absolutas nadie te avisó de la ambigüedad de la vida. Que mañana puedes enamorarte otra vez de la noche. O pasarte el resto de tu vida peleada con ella.
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Nadie escucha

Tiembla para sacudirte todo pensamiento. Araña las pizarras donde escribiste. Que ya no te vale con borradores. Ensucian. Lo ponen todo perdido de polvo blanco que nadie quiere para su nariz. El cielo está frío aunque a ti te ardan las manos. Y los silencios hacen una extraña música inaudible. Imperceptible. Te vas a dejar las orejas intentando escucharla. Te vas a romper las manos. Los codos. Las rodillas. Te vas a pegar una hostia tal que se tambalearán los muros de lo que creías tu mundo. Caerán, seguro, aplastándote. Para descubrirte que ni uno solo de tus coladores tiene agujeros. Que todos tus cuadernos son mentira. Y la tinta un hilo vacío y absurdo que lame la sed de la lluvia. Escupe toda la sangre que te cabe en la boca para que puedan salir los gritos que se te han quedado varados en los corales del alma. Grita. Desgárrate y decubre la verdad. Muchos oyen. Nadie escucha.
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jueves, 14 de mayo de 2009

Steers

Aprendes con desgana que no todas las cicatrices cuentan una historia. Algunas son porque sí. Y sin más trascendencia que el recuerdo del dolor que causó su herida o las leves pulsaciones que dicen "Estoy aquí. Existo." cuando va a cambiar el tiempo. El paso de los días en esta habitación te permite observar a los transeúntes. Y concluyes que el mundo está loco cuando ves a todos esos depredadores, arrojando mordiscos para llegar a una cima que les prometieron, aunque nadie sabe si es real. Se saludan, cordiales, porque ciertas convenciones sociales aseguran que decir la verdad (ser, de verdad) puede herir sensibilidades o conciencias, mientras planean el próximo ataque o miden su suela con la siguiente cabeza que quieren pisar.

Se nubla el cielo y una de esas cicatrices de por qué ausente late en tu pecho. Y piensas quieroserdeverdad mientras una parte de ti se muere por bajar y sacudir la mano de cualquiera preguntando cómo está. Estás en un cuarto de ventanas desnudas con vistas al callejón de la melancolía. Sabiendo que caerán cuantas cortinas te empeñes en poner. Que no bastan las persianas. Sin poder superar el vértigo de mirar hacia abajo. Estás en una habitación de ventanas desnudas donde muchos pueden verte tras los cristales. Dudando. Eternamente en pie de guerra con la incompatibilidad del quiero y el deseo. Sintiendo el latido de esa puta cicatriz.

Quizá... sólo sea tu corazón.
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